jueves, 11 de junio de 2009

ENCUESTA DE FIN DE CURSO


POR FAVOR, RESPONDE A ESTAS PREGUNTAS CON CLARIDAD Y CON HONESTIDAD. NO OLVIDES PONER TU NOMBRE Y APELLIDOS.

1.-A TU JUICIO ¿QUÉ CALIFICACIÓN FINAL TE MERECES?

2.- ¿QUÉ HA SIDO LO QUE MÁS TE HA GUSTADO DE ESTA ASIGNATURA?

3.- ¿Y LO QUE MENOS TE HA GUSTADO?

4.- ¿CONSIDERAS ÚTIL ELABORAR UN BLOG DE CLASE?

5.- ¿CREES QUE EL RENDIMIENTO DEL GRUPO ES EL ADECUADO A SU NIVEL? (SI LOS COMPAÑEROS , EN GENERAL, TRABAJAN LO SUFICIENTE O NO )

6.¿QUÉ OPINAS DEL COMPORTAMIENTO DEL GRUPO? ( SON CHARLATANES, TRABAJADORES, HACE FALTA MÁS MADUREZ, ES NORMAL QUE ESTEMOS CANSADOS A ÚLTIMA HORA, NO LES INTERESA LA MATERIA,...)

7.- ¿QUÉ OPINAS DEL TRABAJO DE LA PROFESORA?. ATRÉVETE A CALIFICARLO (0-10);

8.- ¿QUÉ ASPECTOS CREES QUE PODRÍAN HABERSE MEJORADO DE LAS CLASES : EXPLICACIONES, MÁS TEORÍA, MÁS PRÁCTICA DE ALGÚN TEMA, OTRO TIPO DE ANÁLISIS DE LECTURA, MÁS EXÁMENES,...?

9. POR ÚLTIMO, ¿QUÉ ES LO MÁS IMPORTANTE QUE HAS APRENDIDO EN ESTA ASIGNATURA - ADEMÁS DE NO OLVIDAR LA GRAN LECCIÓN DE LOS VENTILADORES ES DECIR, QUE "EL QUE NO LLORA NO MAMA"- ?



FELICES VACACIONES A TODOS/AS Y MUCHA SUERTE !

jueves, 30 de abril de 2009

LA COLUMNA PERIODÍSTICA

AHÍ VAN UNOS APUNTES MUY BUENOS SOBRE LA COLUMNA PERIODÍSTICA QUE HE ENCONTRADO EN INTERNET. SI OS PARECE PODEMOS RESUMIRLO EN CLASE, PERO ME GUSTARÍA QUE LO LEYÉRAIS ANTES.

(Si alguien se anima que publique una síntesis o cualquier reflexión que le suscite la lectura. ¿ Os animáis si hay nota ?...








La columna es un género de solicitación de opinión con un amplio arraigo en la historia de la prensa española. Ha representado el estandarte de un periodismo de ideas, muy crítico y de una excelente calidad literaria, a través del cual se han expresado las mentes más lúcidas de nuestra intelectualidad. Gran parte de los mejores escritores y pensadores que ha dado España en los últimos cien años ha colocado su firma en las páginas de los periódicos de mayor tirada de cada momento. Las empresas informativas han sido particularmente condescendientes en este sentido porque, además de prestigiar los contenidos y la imagen externa de las publicaciones mediante la incorporación de rutilantes personalidades del mundo de la cultura, se aseguran también un porcentaje considerable de lectores por la familiaridad que generan los columnistas respecto a sus lectores y la especial fidelidad de éstos.

La columna es el género periodístico que analiza, interpreta y orienta al público sobre un determinado suceso con una asiduidad, extensión y ubicación concretas en un medio determinado.

Algunos estudiosos sitúan también el origen del auge de la columna en la progresiva complejidad de los periódicos. Cuando crecen y su organización se complica, los editoriales que firmaba el director y con los que orientaba a la opinión se vuelven anónimos; o, si el nombre sigue atrayendo seguidores, se convierten en firmas.

La columna es un arte y una técnica que se adapta, por tanto, a la personalidad del articulista. De ahí el fuerte grado de identificación que existe entre el comentarista y el lector. Uno de los secretos de la columna es la atmósfera de intimidad que promueve en el lector. La columna responde a la necesidad de conocer al que habla e indica la preferencia del lector por el contacto directo con un individuo más que con el producto editorial anónimo de una corporación.

Desde la irrupción en Norteamérica del Nuevo Periodismo a finales de los años setenta, los periódicos de la órbita anglosajona han prestado un mayor interés a incipientes fórmulas de hacer periodismo que mezclan la información con la opinión y permiten ciertas licencias estilísticas a sus autores. Esta realidad, más que un invento recién importado, es una constante del ejercicio del periodismo en los países latinos.

La columna es un ejemplo de lenguaje periodístico personal, un instrumento de comunicación que persigue la defensa de unas ideas, la creación de un estado de opinión y la adopción de una postura determinada respecto a un hecho actual y relevante. Es un comentario valorativo, analítico y razonador con una finalidad idéntica a la del editorial: crear opinión a partir de la propia. Su diferencia estriba en la identidad individual de la firma. Es un vehículo de comunicación personal que huye de la anonimia y la solemnidad del editorial; de la densidad y la profundidad del artículo y de la simpleza y la asepsia de la noticia.

Hay tantas columnas como columnistas. El estilo es libre y refleja las habilidades discursivas del autor. El columnista dice lo que quiere y cómo quiere. Generalmente, el medio busca una correlación entre su concepción ideológica y las opiniones expresadas en las columnas. A veces, se incluyen comentarios que distorsionan la línea editorial del periódico porque se cree necesario ofrecer una imagen plural del mismo.

Desde un punto de vista formal, la columna tiene una serie de características básicas: extensión uniforme, ubicación fija, libertad temática, periodicidad en la difusión, asiduidad, título genérico y un tratamiento tipográfico especial que la distingue del resto de contenidos de la página donde se incluye.

Como género periodístico, la columna tiene tres características fundamentales que configuran su esencia: su periodicidad, la titulación fija en nombre y en tipografía, y su carácter eminentemente personal y emotivo. La columna es el género periodístico que con una frecuencia determinada, interpreta, analiza, valora y orienta al público respecto de sucesos noticiosos diversos.

A diferencia del editorial y del artículo, no es preciso que el columnista asuma una posición ante los hechos. El columnista escribe sobre asuntos conocidos, pero a los cuales no se les ha prestado la debida atención; o bien se interesa por relatar alguna experiencia personal y para hacerlo aprovecha algún suceso noticioso.

Debido a la intención de la columna, los comentarios y los juicios de valor que la integran no tienen una naturaleza argumentativa y persuasiva, sino que se distinguen por ser informativos y analíticos.

La columna es el género periodístico de opinión que da lugar a un tipo de comunicación más personal, de menos formalidad que el editorial o el artículo, y que puede incluso proporcionar momentos de recreación.

Escribir una columna no es tarea fácil. Requiere conocimiento del tema, pero también habilidad para proyectar una personalidad fuerte y atraer al público, simpatizar con él y mantener su atención.

El columnista goza de amplia libertad temática para expresar sus puntos de vista, para defender una postura y para censurar el comportamiento de las personas y de los grupos sociales.

La distinción mayor entre editorial y columna tal vez estribe en que la gama de tipos es mucho mayor en el caso de la columna que en el del editorial. Puede haber columnas intrascendentes, sobre temas menores, mientras que un editorial ha de tener necesariamente una trascendencia mayor. También en el lenguaje del editorial hay mayor limitación de posibilidades que en la columna. La columna puede oscilar desde un estilo grandilocuente hasta el más ligero e insustancial. Los editoriales, por el contrario, se mueven todos dentro de una cierta uniformidad de lenguaje que responde al estilo literario que la empresa adopta para exponer y pontificar acerca de aquellas cuestiones que tienen la suficiente entidad social como para que el periódico se pronuncie acerca de ellas.

De todas formas, puede decirse que en el periodismo moderno hay un desplazamiento de cuestiones desde el editorial a otros géneros de opinión, particularmente de aquellos comentaristas que tienen prestigio ante los lectores y que gozan al mismo tiempo de la confianza ideológica del periódico. Este desplazamiento del editorial a la columna o el artículo sirve para desdramatizar ciertos asuntos ante el público: siempre es preferible que se equivoque un periodista que un periódico. Pero también se puede encontrar una justificación a esta tendencia en el mayor atractivo de lo personal y firmado frente a lo anónimo y colectivo.

En teoría, el columnista que firma sus escritos puede expresarse con la mayor libertad. Puede, de hecho, sustentar un punto de vista contrario al que sostengan los editoriales del mismo periódico. Puede, incluso, contradecir las ideas de los editores. Hay algunos periódicos que se esfuerzan en escoger columnistas que sostienen puntos de vista totalmente opuestos a la política editorial. Además de esto, está fuera de toda duda que el lector busca un columnista determinado y se identifica con él. El columnista escribe para su lector, que aunque es desconocido, de alguna manera le llegan sus escritos. Cuando un columnista muy leído se marcha de un periódico a otro, normalmente se lleva a un buen número de lectores que le siguen.

Por lo que se refiere al contenido, se escriben columnas en las que se abordan los temas más variados: política, deportes, economía, sociales, radio, cine, televisión y arte, entre otros.

La columna, como género periodístico de opinión, adopta las características generales del artículo; entrada, desarrollo (comentarios) y conclusión.

La estructura de la columna, en general, no puede ajustarse a un modelo preestablecido, puesto que este género periodístico es el más personal y libre de todos; cada columnista integra su escrito como más conviene a la información con que cuenta y al propósito de sus comentarios.

De este modo, existen diversas opciones para redactar las columnas:

1. La columna que se escribe mezclando la información y los comentarios.

2. La columna de comentario, que sólo usa la información para referirse al suceso, de manera que la mayor parte está compuesta por los juicios del columnista.

3. La columna esencialmente informativa, pero que incluye algún comentario para lograr el efecto argumentativo de la totalidad del texto.

En cuanto al estilo, el tono de las colaboraciones de los columnistas puede ser serio o ligero, formal o informal, objetivo o subjetivo, etc. Por tanto, el estilo resulta muy variado: narrativo, descriptivo, expositivo, argumentativo, como a menudo sucede, puede ser una combinación de dos o más de estas formas discursivas.

La elección de una u otra forma de expresión lingüística depende del tipo y de la función de la columna. Por ejemplo, el periodista que en su columna sugiere un comentario mediante el uso de palabras, pero no lo hace abiertamente, utiliza principalmente la forma expositiva; pero si ordena los datos de tal manera que el grado de interés vaya en aumento (suspenso), la forma narrativa resulta más conveniente. Si su intención es reproducir un suceso o "pintar" una situación, la forma del discurso adecuada es la descriptiva; por último, si el propósito del columnista es convencer a los lectores con sus comentarios, persuadirlos respecto de las ventajas o desventajas de su proposición central, la forma indicada es la argumentación.

Para concluir, entre las recomendaciones generales para redactar la columna, podríamos aconsejar la redacción de la columna en beneficio social, evitando presentar en ella los pleitos personales o los ataques a quienes no tienen igual posibilidad de defenderse que el columnista.

La columna es, en definitiva, el resultado de un acto de creación individual, un elemento de comunicación que, dentro del ámbito de los géneros de solicitación de opinión, refleja la forma de pensar de una persona determinada y la posición que ha adoptado respecto a un tema de cierta importancia.


FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:
Moreno Espinosa, Pastora (2000): Géneros para la opinión: el comMoereno Espinosa, Pastora (2000). Géneros para la opinión: el comentario o columna. Revista Latina de Comunicación Social, 30. Recuperado el x de xxxx de 200x de:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/aa2000qjn/

ANÁLISIS DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

COMO HEMOS VISTO EN CLASE, EXISTE UNA AMPLIA BIBLIOGRAFÍA SOBRE LOS ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS.

ES INTERESANTE EL SIGUIENTE ESTUDIO ( mejor lo explicamos durante la clase y así lo adaptamos a nuestro nivel, ok? ).

Pero, al menos, leedlo y a ver qué comentario os inspira.

Se titula:

"De la intellectio a la elocutio: un modelo de análisis retórico para la columna personal "

Y su autor es:

Dr. Bernardo Gómez Calderón ©

Profesor de Periodismo de la Universidad de Málaga

Introducción

Con toda probabilidad, ningún género periodístico atraviesa hoy en día un momento más feliz desde el punto de vista cuantitativo que la columna de opinión. Servida en abundancia por los medios impresos; rica y variada en cuanto a contenidos, enfoques y estilos; y vehículo de toda la gama de planteamientos sociales, políticos y culturales que conforman la opinión pública (o al menos, de aquéllos que el establishment puede aceptar), la columna se ha convertido en una pieza insustituible del actual mosaico periodístico, que queda cojo y pierde atractivo para los lectores sin la aportación personal de sus firmas. Se trata de un elemento identificativo y uniformador del discurso de la prensa, ya que encuentra acomodo en cualquier medio impreso (diarios, suplementos dominicales, revistas...), y desde hace algunos años incluso en los medios audiovisuales.

La columna fascina por su diagnóstico urgente de la realidad, servido al calor de los acontecimientos en apenas 60 líneas; por su valor literario y expresivo, indudable en algunos casos, menos obvio en otras, pero siempre presente siquiera como aspiración; por el influjo que ejerce –o puede ejercer– sobre la audiencia, merced a su cualidad persuasiva; por el interés intrínseco de los juicios que transmite, expresados sin ambigüedad aunque pequen de leves o arbitrarios; en definitiva, por la personalidad de los propios columnistas, que a fuerza de trabajo diario se transforman en interlocutores familiares para sus lectores. Con la columna se accede a una forma distinta de interpretar el presente, más creativa, más cercana y menos urgente que la que procuran otros medios de comunicación.

Existen, de acuerdo con la taxonomía clásica, dos modelos de columna[i][1]: la de análisis, propia del periodismo interpretativo, y la de opinión, netamente subjetiva; dentro de ésta queda enmarcada, como género algo marginal, la columna literaria o personal, cultivada de ordinario por periodistas de prestigio o “escritores en prensa”. De esta última vamos a ocuparnos aquí.

Vaya por delante que buena parte de los estudiosos ponen en duda el estatuto periodístico del género: por lo general, la columna literaria queda englobada en el ámbito del feature, y se la supone un mero entretenimiento, inserto en los diarios por razones extraperiodísticas. Para Martínez Albertos, sus manifestaciones representan, sin más, “unos guetos privilegiados del periodismo impreso delimitados por los siguientes rasgos: 1) espacios de tema absolutamente libre, como cheques en blanco, 2) para escritores famosos, 3) con la única condición de que firmen sus trabajos”[ii][2]. De modo similar definen la columna personal Morán Torres, Martín Vivaldi, Concha Fagoaga y Luisa Santamaría (en sus primeros trabajos[iii][3]), negando la matriz periodística del género, cuando no menospreciándolo abiertamente.

Ello ha repercutido de manera negativa, como es natural, en los intentos de análisis que desde la Periodística se han emprendido hasta el momento sobre la columna personal (muy escasos, por otra parte), aunque, justo es decirlo, su acusada heterodoxia textual no contribuye a facilitar la tarea del estudioso. Los abundantes procedimientos literarios presentes en su codificación, ajenos al estilo estrictamente periodístico; la desconexión de la actualidad más inmediata que ocasionalmente presenta, así como la exacerbada manifestación del “yo” del autor que suele encontrarse en ella, han hecho de la columna personal un producto de difícil catalogación.

Sin embargo, es posible abordar el columnismo literario desde la perspectiva de la Nueva Retórica, conceptuada como Teoría de la Argumentación por Chaïm Perelman y Loucie Olbretchs-Tyteca[iv][4], y hacer de esta modalidad opinativa un género netamente periodístico. La propia orientación de los estudios más recientes sobre la opinión en prensa avala este enfoque, puesto que, desde hace aproximadamente dos décadas, proliferan los autores que llaman la atención sobre el carácter retórico de la comunicación periodística. Así, Francisco Ayala apuntaba ya en 1985:

Será más que probable que la retórica del periodismo [...] siga las líneas de la antigua e ilustre retórica oratoria [...] Si un artículo periodístico puede equivaler con sus efectos a un discurso devastador ante la cámara, seguramente los artificios empleados por su autor no serán demasiado distintos de los que hacen eficaces las palabras del orador[v][5].

Desde parámetros distintos, el profesor Martínez Albertos identifica en el periodismo de opinión al legítimo heredero de la retórica clásica, en su ‘Curso general de Redacción Periodística’[vi][6]; y Josep M.ª Casasús considera que “no está exento de razones estimables el criterio de aquellos que han observado la presencia de perfectas analogías [...] entre algunos aspectos de las preceptivas retóricas [...] y determinadas reglas que conforman muchas de las normas del periodismo contemporáneo”[vii][7]. El mismo autor señala con convicción que “la Retórica, a pesar de las reticencias que existen para admitirlo, está absolutamente viva en los procesos que alimentan la comunicación social contemporánea”[viii][8].

Aunque desde principios de los años 90 existe ya un corpus teórico en torno al carácter retórico-argumentativo de los textos englobados en el estilo de solicitación de opinión, del que merecen destacarse las aportaciones de González Reyna y J. F. Sánchez[ix][9], no abundan, empero, las propuestas analíticas en este terreno: cabe citar sólo la monografía de Santamaría y Casals en torno a la argumentación periodística; el trabajo de Morales Castillo sobre el humor en el articulismo; dos estudios de casos algo más extensos, el de López Pan sobre Pilar Urbano, y el de León Gross sobre Manuel Alcántara; y algunos ensayos publicados en revistas y obras colectivas[x][10]. Con sana diversidad de enfoques, todos estos trabajos aplican los postulados de la Nueva Retórica al análisis de los artículos de opinión, aunque rara vez lo hacen de modo omnicomprensivo o sistemático: en unos casos, el repertorio de procedimientos analizados es reducido (López Pan, por ejemplo, centra su atención únicamente en el ethos), mientras que en otros, algunas parcelas de la retórica quedan completamente oscurecidas. El resultado es, a nuestro entender, un bosquejo valioso pero parcial de los mecanismos argumentativos que se encuentran en la base de la columna literaria, insuficiente para explicar a fondo el proceso de codificación al que ésta se encuentra sometida.

Nuestra propuesta afronta el análisis retórico desde una perspectiva distinta, teniendo en cuenta todas y cada una de las etapas que la Rethorica recepta establece para la elaboración del discurso (intellectio, inventio, dispositio y elocutio[xi][11]), y deteniéndose en los diversos procedimientos que cada una de ellas admite[xii][12]. Con ello se pretende ofrecer un modelo de análisis retórico global, que permita sistematizar las características textuales de la columna personal más allá de las propiedades deícticas que suelen ser identificadas como únicas cualidades ineludibles del género (título estable, ubicación y periodicidad fijas, relevancia tipográfica y prestigio de la firma).

No obviamos, claro está, las limitaciones que la Nueva Retórica encierra de cara al análisis textual, marcadas sobre todo por la heterogeneidad de las propuestas de la doctrina clásica, y por su relativa inoperancia para el tratamiento de ciertos fenómenos que, en la actualidad, han pasado al primer plano del análisis del discurso, caso de las actividades de lectura y recepción[xiii][13]. Pero en lo que al estudio de las propiedades de los textos de opinión se refiere, consideramos pertinente nuestro enfoque.

Modelo de análisis retórico

Una vez consignados los datos hemerográficos de un texto dado (autor, medio, fecha de aparición y página –en el caso de publicaciones impresas– o dirección URL –en el caso de publicaciones electrónicas–), se trataría de abordar sucesivamente los siguientes campos:

1. Intellectio

La intellectio se refiere al tema o asunto sobre el que versa un texto, en este caso periodístico. Aunque el tema de la columna literaria es absolutamente libre, lo más habitual es que se ciña a la actualidad política, social o cultural (aunque los motivos económicos, costumbristas o estrictamente personales no le son ajenos). Con frecuencia, el tema de la columna condiciona la elección de argumentos y recursos elocutivos con los que apuntalará sus tesis el autor. En este sentido, nos parece particularmente acertado el comentario de Chico Rico, para quien “la intellectio posibilita la mejor descripción y explicación de cuestiones relacionadas con la producción textual, como el proceso de elección de un determinado modelo del mundo y las estrategias operativas de la inventio, la dispositio y la elocutio”[xiv][14].

2. Inventio

La inventio engloba los argumentos a los que se recurre en un texto para persuadir a la audiencia de lo acertado de los planteamientos del emisor. Constituye una suerte de superestructura lógica, un entramado de razones que deben quedar habilidosamente expuestas para propiciar la aceptación de la tesis central del artículo por parte del auditorio.

El abanico de argumentos inventivos es amplio, y la mayor parte de ellos encuentran acomodo en la columna personal. Figuran, en primer lugar, las pruebas definidas por Aristóteles como “propias del arte”, concretamente las que se apoyan en la competencia o la fiabilidad del orador (ethos), las que se encuentran en el propio discurso (logos, de las que forman parte los entimemas, silogismos cuyas premisas son verosímiles –aceptadas por el auditorio–, pero no verdaderas, por oposición a los silogismos lógicos, que parten de premisas necesarias), y las que tratan de mover las pasiones del auditorio (pathos); y en segundo lugar, las falacias o refutaciones aparentes, argumentos que se presentan como válidos pese a ser inadmisibles desde el punto de vista de la lógica. Las falacias constituyen un nutrido grupo de argumentos recogidos ya por Aristóteles en sus Refutaciones sofísticas bajo el membrete de “argumentos erísticos”. Se dividen en dos grandes subgrupos: falacias de ambigüedad y falacias materiales o de inferencia. En el primero se incluyen la tautología, el equívoco, el eufemismo, la anfibología y la dicotomía. En cuanto a las falacias de inferencia, pueden darse por datos insuficientes, en cuyo caso se subdividen en inductivas (la más común es la falacia por generalización, basada en el paso de la anécdota a la categoría) y deductivas (siendo la más destacada la falacia por falsa causalidad); o por ignorancia del argumento, recibiendo en este caso la denominación de “falacias de pertinencia”[xv][15].

De estas últimas forman parte la argumentación por el ridículo (que se sirve, usualmente, de figuras como la ironía o la hipérbole), el argumento de petición de principio o petitio principii (razonamiento en el que se introducen proposiciones no verificadas o inverificables como si fueran verdaderas para llegar a conclusiones aparentemente lógicas y razonadas), la argumentación ad hominem (basada en la descalificación del oponente), la argumentación por analogía, la argumentación por tropos (habitualmente, se trata de metáforas o sinécdoques), el argumento de autoridad y la argumentación por comparación. Todas ellas se detectan frecuentemente en los artículos de opinión.

3. Dispositio

La dispositio hace referencia al modo en que los argumentos anteriormente descritos se ordenan a lo largo de un texto persuasivo. Aquí es preciso tener en cuenta la distribución paragráfica del mismo, así como la “macroestructura argumentativa”[xvi][16] adoptada, de entre tres posibles: deductiva, inductiva o circular. La estructura deductiva es aquella que hace arrancar el texto de una premisa ideológica general, abstracta, que se aplica a razonamientos de los que emana un juicio concreto relativo a casos particulares; en sentido amplio, podemos adscribir a este grupo los textos que presentan al comienzo la tesis postulada por el autor. Por el contrario, la estructura inductiva parte de un suceso aislado con objeto de alcanzar juicios de validez universal. Su arranque puede constituirlo una anécdota, un ejemplo o analogía, un pensamiento o idea, elementos que no están en la base del razonamiento posterior, sino que son referidos a modo de ilustración o preludio del aserto conclusivo al que se pretende llegar (la tesis sostenida por el autor)[xvii][17].

En cuanto a la estructura circular, a la que también recurren los cultivadores de la columna personal, se construye a partir de un dato menor, ya sea anécdota, intertexto o estribillo, que se reitera al principio y al final del texto y sirve de marco a la tesis del autor. Su utilización confiere a la columna una apariencia de artilugio perfecto, de producto completo en sí mismo, muy sugerente desde el punto de vista argumentativo. Supone, en cierta medida, la acumulación de los procedimientos inductivo y deductivo, puesto que permite pasar de lo particular a lo general y de nuevo a lo particular en una sola pieza.

4. Elocutio

La elocutio es probablemente la parcela retórica más rica de cuantas abarca la columna literaria, por cuanto en ella el ingenio, la creatividad léxica y la “voluntad de estilo” se encuentran muy acentuados. En este apartado, conviene detenerse en varios campos: figuras retóricas, léxico e intertextualidad. La mayor parte de los recursos elocutivos que se detectan en la columna personal entran dentro de alguna de estas categorías.

Para el estudio de las licencias retóricas, nos parece particularmente útil la clasificación que aporta el grupo de Lieja[xviii][18]. Partiendo de la noción de ècart o desvío, la escuela estructuralista de Jacques Dubois organiza las licencias del lenguaje o “metáboles” de acuerdo con dos parámetros: plano de la expresión frente a plano del contenido; y ámbito de la palabra y unidades menores frente a ámbito de la oración y unidades mayores. Del cruce de ambas dicotomías surge una cuádruple clasificación de las figuras en metaplasmos (que afectan al plano de la expresión y se producen en el ámbito de la palabra), metataxis (plano de la expresión, ámbito de la oración y el texto), metasememas (plano del contenido, ámbito de la palabra) y metalogismos (plano del contenido, ámbito de la oración y el texto). Los metaplasmos operan sobre el significante de los vocablos, modificando su continuidad fónica o gráfica; las metataxis conciernen al significante de la oración y son metáboles de naturaleza sintáctica; los metasememas actúan en el plano del contenido, y consisten en la modificación de un significado debida a la sustitución de términos (se corresponden con los tradicionales tropos). En cuanto a los metalogismos, representan cambios lógico-semánticos en el marco de la oración, y son el equivalente de las clásicas figuras de pensamiento[xix][19].

El listado de figuras que engloba cada una de estas categorías resulta demasiado extenso para detallarlo aquí; señalaremos tan sólo las más frecuentes en el articulismo literario: aliteración, homeóptoton y paromeon (metaplasmos); acumulación, anáfora, bimembración, derivación, enumeración, paralelismo, pleonasmo, políptoton y trimembración (figuras sintácticas o metataxis); alegoría, metáfora, metonimia, oxímoron y sinécdoque (metasememas); amplificación, analogía, antítesis, antropomorfización, apóstrofe, comparación denotativa, écfrasis o descripción, ejemplo, equívoco, hipérbole, ironía, lítote, paradoja y remotivación (correspondientes al grupo de los metalogismos)[xx][20].

En cuanto al léxico, son marcas elocutivas de interés, en el ámbito del columnismo, el argot, los cultismos, los modismos y muletillas, los neologismos, los antropónimos, los apócopes, los aumentativos, los barbarismos, los diminutivos y las palabras comodín.

Por último, es frecuente entre los cultivadores de la columna personal el recurso a la intertextualidad, que dota a los textos de un barniz culturalista notablemente eficaz en términos persuasivos. En la intertextualidad coexisten múltiples niveles, que van desde la alusión más sutil hasta la reproducción literal de algo ya enunciado, y esta abundancia de manifestaciones dificulta su sistematización teórica; la modalidad intertextual más frecuente en el terreno de la columna personal es la citación. Las citas o intertextos pueden clasificarse, de acuerdo con su explicitud, en: citas directas, citas indirectas, citas sin atribución de autoría y citas encubiertas. Las citas directas presentan marcas tipográficas que las diferencian del resto del texto, y van acompañadas del nombre de su autor; las indirectas carecen de marcas, aunque especifican al agente original de la enunciación; las citas sin atribuir presentan signos tipográficos pero no incluyen referencia alguna al autor; por último, las citas encubiertas son aquéllas que no se destacan tipográficamente ni van acompañadas de datos sobre su procedencia. Por otro lado, de acuerdo con su fidelidad al enunciado original, las citas pueden ser literales o parafraseadas[xxi][21].

Al margen de lo anterior, cabe consignar como apartado final del análisis retórico aquellos elementos de las series visuales paralingüística y extralingüística (sumarios, fotografías…) que acompañen al texto y se consideren de relevancia desde un puntode vista persuasivo.

Conclusión

Con esta propuesta, fruto a la vez de la inducción y la deducción, no aspiramos, claro está, a ofrecer un modelo de análisis exhaustivo para todos los apartados que en ella se incluyen. La riqueza inherente a cada uno de ellos hace de cualquier intento totalizador una empresa vana. Además, el estilo personal de cada columnista representa un condicionante de peso para el estudioso, que deberá hacer hincapié en unos campos o en otros, en unos u otros recursos, de acuerdo con el papel que éstos desempeñen en la prosa del autor.

Pese a ello, creemos que por medio de nuestro modelo de análisis quedan debidamente atendidos los aspectos temáticos, estructurales, argumentativos y estilísticos más sobresalientes de la columna personal, y que su aplicación puede constituir una técnica de notable validez heurística para los trabajos circunscritos al ámbito de la opinión periodística.

Periodismo y divulgación: NOVEDAD EDITORIAL: EL ARTÍCULO LITERARIO: MANUEL ALCÁNTARA

Periodismo y divulgación: NOVEDAD EDITORIAL: EL ARTÍCULO LITERARIO: MANUEL ALCÁNTARA

martes, 14 de abril de 2009

¿Y LAS MUJERES....?


CONSULTA ESTE MAGNÍFICO ESTUDIO DE 80 POEMAS ESCRITOS POR MUJERES DE ESTA GENERACIÓN.

EL MAQUINISTA DE LA GENERACIÓN



¿QUÉ ES "EL MAQUINISTA DE LA GENERACIÓN"?

A VER QUIÉN CONTESTA PRIMERO...................

ESTUDIO MONOGRÁFICO SOBRE LA GENERACIÓN DEL 27

PARA REALIZAR NUESTRO ESTUDIO SOBRE LA GENERACIÓN DEL 27 :

1.- Cada alumno elaborará un trabajo por escrito (el día 24 de Abril: fecha límite) , según el guión proporcionado en clase .

2.- El comentario de los poemas de cada autor se hará:

- 2.1. En las clases de lengua con la antología "El Huerto del limonar"de Ana Pelegrín

- 2.2. En el Aula Virtual de la Generación del 27 podemos encontrara las actividades correspondientes a diversos poemas. Hay que hacer las de Secundaria y Bachillerato.


3.- CONTROL ESCRITO de la Generación del 27 (teoría y comentario de textos). Será el día 12 de mayo mayo.



Espero que, después de organizar estas actividades, nos pongamos manos a la obra y trabajemos.

Ah! eso sí, feliz viaje de estudios a los que se marchan !. !Nos vemos a la vuelta!